El
cubismo fue un movimiento artístico desarrollado entre
1907 y
1914, nacido en
Francia y encabezado por
Pablo Picasso,
Georges Braque y
Juan Gris. Es una tendencia esencial pues da pie al resto de las
vanguardias europeas del
siglo XX. No se trata de un
ismo más, sino de la ruptura definitiva con la pintura tradicional.
El término cubismo fue acuñado por el crítico
francés Louis Vauxcelles, el mismo que había
bautizado a los
fauvistas motejándolos de
fauves (fieras); en el caso de
Braque y sus pinturas de
L'Estaque,
Vauxcelles dijo, despreciativamente, que era una pintura compuesta por
«pequeños cubos». Se originó así el concepto de «cubismo».
[editar] Características
«Cuando hacíamos cubismo, no teníamos ninguna intención de hacer cubismo, sino únicamente de expresar lo que teníamos dentro».
Juan Gris:
Guitarra y mandolina, 1919, Galerie Beyeler, Basilea.
El cubismo es considerado la primera
vanguardia, ya que rompe con el último estatuto
renacentista vigente a principios del
siglo XX, la
perspectiva. En los cuadros cubistas, desaparece la perspectiva tradicional. Trata las formas de la
naturaleza por medio de figuras
geométricas,
fragmentando líneas y superficies. Se adopta así la llamada
«perspectiva múltiple»: se representan todas las partes de un objeto en
un mismo plano. La representación del mundo pasaba a no tener ningún
compromiso con la apariencia de las cosas desde un punto de vista
determinado, sino con lo que se sabe de ellas. Por eso aparecían al
mismo tiempo y en el mismo plano vistas diversas del objeto: por
ejemplo, se representa de frente y de perfil; en un rostro humano, la
nariz está de perfil y el ojo de frente; una botella aparece en su
corte vertical y su corte horizontal. Ya no existe un
punto de vista único. No hay sensación de
profundidad. Los detalles se suprimen, y a veces acaba representando el objeto por un solo aspecto, como ocurre con los
violines, insinuados sólo por la presencia de la cola del mismo.
A pesar de ser pintura de
vanguardia los géneros que se pintan no son nuevos, y entre ellos se encuentran sobre todo
bodegones,
paisajes y
retratos.
Se eliminan los colores sugerentes que tan típicos eran del
impresionismo o el
fauvismo. En lugar de ello, utiliza como tonos pictóricos apagados los
grises,
verdes y
marrones. El monocromatismo predominó en la primera época del cubismo, posteriormente se abrió más la paleta.
Con todas estas innovaciones, el arte acepta su condición de arte, y
permite que esta condición se vea en la obra, es decir es parte
intrínseca de la misma. El cuadro cobra autonomía como objeto con
independencia de lo que representa, por ello se llega con el tiempo a
pegar o clavar a la tela todo tipo de objetos hasta formar
collages.
La obra resultante es de difícil comprensión al no tener un
referente naturalista inmediato, y ello explica que fuera el primero de
los movimientos artísticos que necesitó una exégesis por parte de la
"crítica", llegando a considerarse el discurso escrito tan importante
como la misma práctica artística. De ahí en adelante, todos los
movimientos artísticos de vanguardia vinieron acompañados de textos
críticos que los explicaban.
El cubismo tuvo como centro neurálgico la ciudad de París, y como
jefes y maestros del movimiento figuraban los españoles Pablo Picasso y
Juan Gris y los franceses Georges Braque y Fernand Léger. El movimiento
efectivamente se inicia con el cuadro "Las Señoritas de Avignon"
(Demoiselles D'Avignon)de
Pablo Picasso.
Como elemento precursor del cubismo destaca la influencia de las
esculturas africanas y las exposiciones retrospectivas de Georges
Seurat (1905) y de Paul Cézanne (1907).
El cubismo surge en la
primera década del
siglo XX, constituyendo la primera de las
vanguardias artísticas. Entre las circunstancias que contribuyeron a su surgimiento, se ha señalado tradicionalmente tanto la obra de
Cézanne como el arte de otras culturas, particularmente la
africana. En efecto, Cézanne pretendió representar la realidad reduciéndola a sus formas esenciales,
[2]
intentando representar los volúmenes sobre la superficie plana del
lienzo de una manera nueva, tendencia que fue seguida por los cubistas.
Ya antes que él, los
neoimpresionistas Seurat y
Signac
tendieron a estructurar geométricamente sus cuadros. Lo que Picasso y
Braque tomaron de Cézanne fue la técnica para resolver ese problema de
lograr una nueva figuración de las cosas, dando a los objetos solidez y
densidad, apartándose de las tendencias impresionistas que habían
acabado disolviendo las formas en su búsqueda exclusiva de los efectos
de la luz.
Por otro lado, el
imperialismo puso a
Occidente en contacto con otras civilizaciones con un arte propio y distinto del
europeo. A través de diversas exposiciones,
Picasso conoció la
escultura ibérica
y la africana, que simplificaban las formas y, además, ponían en
evidencia que la pintura tradicional obedecía a una pura convención a
la hora de representar los objetos conforme a las ideas
renacentistas de
perspectiva lineal y
aérea. Lo que parece actualmente excesivo a los historiadores de arte es atribuir una influencia directa de las
máscaras africanas con la obra picassiana.
Todo ello no hubiera sido posible sin la aparición de la
fotografía
pues esta, al representar la realidad visual de manera más exacta que
la pintura, liberó a este último arte de la obligación de representar
las cosas tal como aparecen ante nuestros ojos y forzó a los artistas a
buscarle un sentido diferente a la mera transcripción a las dos
dimensiones de la apariencia externa de las cosas. La aparición del
cubismo se ha relacionado, además, con otros dos hechos acontecidos en
la misma década que revelan que las cosas pueden ser diferentes a como
aparentan ser: el
psicoanálisis al evidenciar que pueden existir motivaciones más profundas para los actos y pensamientos humanos, y la
teoría de la relatividad, que revela que el mundo no es exactamente, en su estructura profunda, como lo presentaba la
geometría euclidiana.
[editar] Cubismo analítico o hermético (1909-1912)
En
1909
Braque y Picasso estrechan su amistad y consiguen desarrollar la nueva
tendencia. Juntos crearon las dos tendencias del cubismo. La primera es
el
cubismo analítico (
1909-
1912), en donde la pintura es casi monocroma en
gris y
ocre.
Los colores en este momento no interesaban pues lo importante eran los
diferentes puntos de vista y la geometrización, no el cromatismo.
Fueron elaborando un «nuevo lenguaje» que analiza la realidad y la
descompone en múltiples elementos geométricos. Los puntos de vista se
multiplicaron, abandonando definitivamente la unidad del punto de vista
de la
perspectiva renacentista.
Se introducen en la pintura los «pasos», definidos como ligeras
interrupciones de la línea del contorno. Los volúmenes grandes se
fragmentan en volúmenes más pequeños. Entre las obras de esta fase del
cubismo se encuentra el
Retrato de Kahnweiler (1910, Instituto de Arte de Chicago).
A este período también se le llama de
cubismo hermético, pues por la cantidad de puntos de vista representados, algunas obras parecen casi
abstractas.
Al hermetismo se llega porque los planos acaban independizándose en
relación al volumen de manera que es difícil descodificar la
figuración, reconstruir mentalmente el objeto que esos planos
representan. El
color
no ayudaba, al ser prácticamente monocromos y muchas veces
convencionales, no relacionados con el auténtico color del objeto. La
imagen representada, en definitiva, era ilegible, casi imposible de
ver, a no ser por algunos objetos como una
pipa, o letras de periódico, que permiten distinguir lo que se está representando.
Es en esta fase cuando el cubismo se presenta en público. Pero no
por obra de Picasso y Braque, que exponían privadamente en la galería
Kahnweiler, sino por otros pintores que conocieron la obra de aquellos
en sus talleres. Se presentaron al
Salón de los Independientes de 1911. En su sala 41 aparecieron obras de
Jean Metzinger,
Albert Gleizes,
Henri Le Fauconnier,
Fernand Léger y
Robert Delaunay.
Provocaron el escándalo y rechazo de público y crítica. Ello llevó a
que se construyera ya una obra doctrinal de primera hora explicando los
hallazgos de la nueva tendencia. Así, el primer estudio teórico del
cubismo lo hicieron en
1912 Gleizes y Metzinger:
Du cubisme («Sobre el cubismo»). Apollinaire, por su parte, escribió
Les peintres cubistes («Los pintores cubistas. Meditaciones estéticas») en
1913. Hubo otras adhesiones, como la de la mecenas
Gertrude Stein o los marchantes como
Ambroise Vollard y
Henry Kahnweiler. Otros poetas, además de Apollinaire, defendieron el nuevo estilo:
Pierre Reverdy y
Max Jacob.
Además del rechazo de los tradicionalistas de la pintura, hubo posteriormente críticos que venían de la propia
vanguardia, centradas en dos problemas que planteaba el cubismo: su estatismo y su adhesión a lo figurativo. En efecto, sobre todo los
futuristas objetaron al cubismo que en sus obras el movimiento estuviera ausente, siendo así que el mundo actual es esencialmente
dinámico.
Guido Severini, a quien se considera el más cubista dentro del futurismo, lo criticó en
Del Cubismo al Clasicismo
(1921), aunque con el tiempo (1960) reconoció que debía al cubismo gran
parte de su técnica. Algunos cubistas fueron sensibles a esta crítica y
crearon obras influidas por el futurismo, como hizo
Marcel Duchamp con su primera versión de
Desnudo bajando una escalera (
1911,
Museo de Arte de Filadelfia, col. Arensberg). Por otro lado, aunque en su época no resultaba fácil deslindar el cubismo de la
abstracción, hoy resulta evidente que siguen sujetos a una representación figurativa de las cosas reales. Se seguían representando
sillas,
botellas
o figuras humanas, aunque las descompusieran en planos y volúmenes
geométricos. No se apartaban de representar la realidad, sino que
querían representarla en el cuadro con un nuevo lenguaje.
El camino trazado por Picasso y Braque pronto fue seguido por los pintores
Juan Gris (José Victoriano González) y
Louis Marcoussis, el primero influido por Picasso, el segundo por Braque. Gris, tercer gran nombre del cubismo. Este
madrileño malvivía en
París
dibujando para revistas y periódicos. A partir de 1911 se interesó por
el problema de la luz sobre los objetos, creando cuadros con
iluminación naturalista, en los que los rayos luminosos oblicuos y
paralelos entre sí inciden sobre formas rígidas, como puede verse en su
Retrato de Picasso de
1912.
Él mismo dijo haber adoptado el cubismo «analítico», multiplicando los
puntos de vista y usando colores vivos. Para el año 1912, Braque y
Picasso ya habían realizado
collages,
y Gris comenzó a introducir en sus obras diversos materiales como la
madera o la tapicería, bien imitándolos, bien pegándolos (
El lavabo, 1912).
Braque, por su parte, influyó en el
polaco Marcoussis (Ludwig Markus). Más ortodoxo y menos original que Gris, creó una obra con colores intensos y cercana a veces al
futurismo. Comenzó en 1912 a trabajar el cubismo analítico, con obras como
Naturaleza muerta con damero (1912, Museo Nacional de Arte Moderno,
Centro Georges Pompidou).
[editar] Cubismo sintético (1912-1914)
En
El Portugués (1911) de
Braque aparecen palabras y números, lo que abrió una nueva vía que llevó al segundo período del cubismo, el
cubismo sintético (1912-
1914). Braque, que había sido el primero en utilizar la
caligrafía, y que más de una vez intentó imitar la
madera o el
mármol, fue quien inició esta última fase del cubismo al realizar
papier collés, pegando directamente papeles decorados en la pintura.
Picasso y
Braque comenzaron a incorporar material gráfico como páginas de diario y papeles pintados, técnica que se conoce como
collage. En 1912 Picasso realizó su primer
collage,
Naturaleza muerta con silla de paja
(Museo Picasso, París), en el que añade al lienzo pasta de papel y
hule. El color es más rico que en la fase anterior, como puede verse en
los rojos y azules de
Botella de Suze (1913, Saint Louis,
Misuri, Universidad Washington). Estas obras sintéticas son más
simples, más sencillas de entender en cuanto a que son más figurativas,
se ve claramente lo que se pretende representar. Los objetos ya no se
reducen a volúmenes y planos expuestos en diversas perspectivas hasta
ser irreconocibles, sino que se reducen a sus atributos esenciales, a
aquello que los caracteriza de manera inequívoca sin lo cual no serían
lo que son. Por ello, aunque reducido a lo esencial, queda claro en
todo momento lo que son. Para representar los objetos «tipo» de manera
objetiva y permanente, y no a través de la subjetividad del pincel, se
recurre a lo que parece un ensamblaje. Los cuadros están formados por
diversos materiales cotidianos que se pegaban o clavaban a la tela,
como tiras de papel de
tapicerías,
periódico,
partituras,
naipes, cajetillas de
cigarros o cajas de
cerillas.
El cuadro se construye con elementos diversos, tanto tradicionales (la
pintura al óleo) como nuevos (como el papel de periódico). Los
cafés y la
música inspiraron estos
bodegones. Otras obras de Picasso pertenecientes a esta fase del cubismo sintético son
El jugador de cartas (1913-14) o
Naturaleza muerta verde (1914). Braque realiza en esta época
El clarinete (1913), el
Correo (1913),
Aria de Bach (1913-14) o
Violeta de Parma (1914).
En este período
Juan Gris realiza una pintura más libre y colorista. Emblemática es su
Place Ravignan, naturaleza muerta ante una ventana abierta
(1915), donde el exterior se representa a la manera tradicional, con
perspectiva renacentista, mientras que el interior de formas
deconstruidas y compuestas desde diversos puntos de vista con planos
quebrados. Por su parte,
Marcoussis llega a la cumbre de su tarea creadora con obras más poéticas y personales como
Músico (1914, Galería Nacional de Washington, col. Chester Dale)
María Blanchard
nunca llegó a la total descomposición de la forma pero dejó su
manufactura en forma de ricos colores. Su famosa "Mujer con abanico"
(1916, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía),"Naturaleza muerta"
(1917, Fundación telefónica) o "Mujer con guitarra" (1917, Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía) son ejemplos del intenso estudio
que realiza sobre la anatomía de las cosas, como señaló
Ramón Gómez de la Serna
y del peso del color en su pintura. Tras esta etapa regresa a las
técnicas figurativas donde queda impresa la influencia de las
vanguardias.
La
Primera Guerra Mundial
puso fin a la fase más creadora del cubismo. Muchos de los pintores
cubistas, al ser franceses, fueron llamados a la lucha (Braque, Léger,
Metzinger, Gleizes,
Villon y
Lhote). En la
posguerra,
sólo Juan Gris siguió trabajando el cubismo más o menos ortodoxo,
aunque en un estilo más austero y simple, en el que los objetos
quedaron reducidos a su esencia geométrica. Marcoussis creó una obra
más poética. Braque siguió trabajando en la misma línea del cubismo
sintético, con papel encolado. Nuevos pintores adoptaron un lenguaje
cubista, como
María Blanchard.
Pero la mayoría de los pintores hasta entonces cubistas, empezando por
el propio Picasso, fueron adoptando nuevas tendencias, como ocurre con
Duchamp y
Picabia, que crearon el
dadaísmo o
Mondrian que se adhirió a la
abstracción. El cubismo, como movimiento pictórico, se puede dar por terminado hacia
1919.
Escultura de Picasso -Homme aux bras écartés (1961) erigida en la plaza Picasso de Basilea
[editar] El cubismo en otras artes
Fue el
francés Apollinaire quien lo adaptó en la
literatura. Busca recomponer la realidad mezclando imágenes y conceptos al azar. Una de sus aportaciones fue el
caligrama.
El cubismo repercutió en la
escultura, a través de técnicas similares al
collage
del cubismo sintético. La escultura empezó a construirse con materiales
de desecho, elaborándose con piezas diversas y no procedentes de un
solo bloque de piedra o mármol. Con ello se crea la llamada estética de
«ausencia de masa», al surgir huecos y vacíos entre las superficies.
Como los
arquitectos, los escultores no dan forma a un volumen, sino que crean espacios.
El propio
Pablo Picasso realizó esculturas cubistas. Escultores que crearon obras cubistas fueron
Alexander Archipenko,
Jacques Lipchitz y
Henri Laurens, además de los españoles
Pablo Gargallo y, sobre todo,
Julio González, pionero en el uso del
hierro gracias a la
soldadura autógena, lo que abrió todo un mundo de posibilidades a la escultura del siglo XX.
[editar] Otros pintores del cubismo
Además de
Picasso y
Braque, a los que se considera fundadores del cubismo, y
Juan Gris y
Marcoussis, sus más directos seguidores, el cubismo fue seguido por una multitud de artistas entre
1911 y
1914. Algunos de ellos se agruparon bajo la denominación de
Section d'Or o
Grupo de Puteaux:
Albert Gleizes,
Jean Metzinger,
Juan Gris,
Fernand Léger y
André Lhote. De este colectivo surgió, en
1912 el
orfismo, cuyos máximos representantes son
Robert Delaunay y
František Kupka, quienes acabaron renunciando a la representación figurativa y centrándose en el color se aproximaron a la
abstracción geométrica, como anticipó ya su
Villa de París, de Delaunay (1910). El tema acabó desapareciendo totalmente en obras como
Formas circulares (1912-13). Se ha denominado a este estilo como
cubismo abstracto o
rayonismo.
Kupka, próximo al cubismo, comenzó a estudiar, a partir de 1912, la
forma en que el espacio podía representarse mediante planos de color (
Planos verticales Amorpha, 1912) o líneas sinuosas. También
Francis Picabia
recreó los volúmenes de la realidad de manera bastante abstracta
(Procesión en Sevilla, 1912) lo que le llevó, a partir de 1913, a la
no-figuración.
Gleizes cultivó un cubismo cezaniano más figurativo que el resto y
en el que aparecía la figura humana esquematizada; no obstante, también
tuvo una fase analítica. Obras destacadas de Gleizes son:
Árbol (1910, París, col. part.),
Caza (1911, París, col. comandante Houot),
Hombres en el balcón (1912, Museo de Arte de Filadelfia, col. Arensberg),
Desgranado de la cosecha
(1912, Museo Guggenheim de Nueva York), Bañistas (quizá su obra más
conocida, de 1912, Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París),
Retrato de Figuière (1913, museo de Lyon) y
Mujeres cosiendo (Otterlo, Museo Kröller-Múller).
Roger de La Fresnaye:
Conquista del aire, 1913, óleo sobre lienzo, Museo de Arte Moderno, Nueva York.
Su amigo Metzinger, con quien escribió
Sobre el cubismo tuvo
una primera fase analítica en la que predomina el estudio de la
estructura, para pasar luego a una fase cezaniana en la que predomina
el estudio de los volúmenes. De Metzinger destacan sus
Desnudos de 1910-1911, la
Merienda (1910-11, Museo de Arte de Filadelfia, col. Arensberg), el
Pájaro azul (1913, Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París),
Bañistas (1913, Museo de Arte de Filadelfia) y
Mujer haciendo calceta (1919, Museo Nacional de Arte Moderno, Centro Georges-Pompidou).
Henri Le Fauconnier (1881-1946) realizó estudios de
desnudos
cuyos volúmenes fue fragmentando, explorando la incidencia de la luz
sobre ellos. Creó «una especie de de Impresionismo cubista bastante
personal» que puede verse en obras como
Retrato de Paul Castiaux (1910),
Abundancia (1910-11) o
Cazador (1912).
Más original que todos ellos fue
Fernand Léger. Desarrolló un estilo personal que refleja su atracción por la
máquina. Célebre es su obra
Figuras desnudas en el bosque [1](1909-1910,
Otterlo,
Museo Kröller-Müller), que se puede considerar obra intermedia entre el cubismo y el
futurismo,
movimiento este último fascinado con la máquina y el movimiento. En
esta obra se aprecia igualmente su predilección por las formas y los
volúmenes, propia del cubismo cezaniano. Después de experimentar con
los volúmenes, comienza a dar preponderancia al
color a partir de 1913, en composiciones llenas de dinamismo.
Por una fase cubista pasó el gran pintor
holandés Piet Mondrian al instalarse en
París en
1911.
Cultivó el cubismo analítico en el período 1911-1914. Sus estudios
sobre el ángulo recto, y las formas planas acabaron llevándole a la
abstracción. Al volver a
Ámsterdam fundó, junto a
Van Doesburg , el grupo
De Stijl (
1917). En torno a su revista se constituyeron artistas directamente influidos por el cubismo.
Hubo otros que adaptaron el cubismo a su temperamento. Entre ellos cabe citar, en primer lugar, a
Jacques Villon, que conoció el cubismo a través de su hermano
Marcel Duchamp.
Estudió los volúmenes, compuso sus cuadros en estructuras piramidales y
empleó colores vivos. Su cubismo fue moderado, como el de
Roger de la Fresnaye, que aunque adoptó la superposición de planos, no llegó a romper de manera clara con la figuración y la
perspectiva. Se vio influido por
Delaunay, lo que le llevó a realizar sus mejores obras construidas sobre todo con el color:
Conquista del aire (1913) y muchas
Naturalezas muertas
(1913-14). Después de la guerra volvió al clasicismo. Finalmente, André
Lhote se enmarca en una tendencia a adaptar el estilo cubista a las
reglas de la composición clásica.
Además de los ya citados, se puede considerar que hicieron obras cubistas:
Marcel Duchamp,
Sonia Delaunay,
Emilio Pettoruti y
Carlos Sotomayor.
El
purismo de
Charles Edouart Jeanneret y
Amadée Ozenfant surgió en 1918 como una derivación del cubismo.
[editar] Referencias
- ↑ Diccionario Larousse de la Pintura, tomo I.
- ↑ «Consideramos la naturaleza por el cilindro, la esfera y el cono», dijo Cézanne.
[editar] Bibliografía
- Carrassat, P.F.R. y Marcadé, I.: «CUBISMO (analítico, sintético)», en “Movimientos de la pintura, págs. 102-105, colección Reconocer el arte, Larousse, Barcelona, © Spes Editorial, S.L., 2004, ISBN 84-8332-596-9
- Essers, V.: «La modernidad clásica. La pintura durante la primera mitad del siglo XX», en Los maestros de la pintura occidental, volumen II, Taschen, 2005. ISBN 3-8228-4744-5, pág. 546-547
- Habasque, Guy: «CUBISMO», en Diccionario Larousse de la pintura, tomo I, págs. 438-442, Barcelona, © Editorial Planeta-De Agostini, S.A., 1987, ISBN 84-395-0649-X
- Laneyrie-Dagen, Nadeije: «Los inicios de la abstracción», en Leer la pintura, págs.256, colección Reconocer el arte, Larousse, Barcelona, © Spes Editorial, S.L., 2005, ISBN 84-8332-598-5
- Marchán Fiz, Simón: «Nacimiento y evolución del cubismo (1907-1914): Braque, Picasso y J. Gris», en Summa Artis. Historia general del arte (Antología, vol. XII), págs. 53-92, Madrid, © Espasa Calpe, S.A., 2004; Simón Marchán, 1994, 1995, ISBN 84-670-1363-X
- Ramírez Domínguez, Juan Antonio: «El cubismo», en Historia del Arte,
págs. 776-784, Anaya, Madrid, © José María de Azcárate Ristori, Alfonso
Emilio Pérez Sánchez y Juan Antonio Ramírez Domínguez, Ediciones Anaya,
S.A., 1986, Madrid, ISBN 84-207-1408-9